Los ciudadanos no damos crédito a lo que está sucediendo.
Cada día, acudimos a un incesante desfile de barbaridades y despropósitos,
todos ellos cometidos por nuestros gobernantes, representantes públicos, partidos
políticos, sindicatos pesebreros, patronal insaciable, jueces, fiscales e
incluso en ocasiones con la complicidad de algunos medios de comunicación…
Recortes en sanidad, educación, ley de dependencia…,
servicios públicos tan básicos e importantes que jamás deberían ser tocados,
son pasto de las llamas de lo que pretenden vendernos como “solución para salir
de la crisis” y pasan a convertirse en gran negocio millonario de los poderosos
que pagaron campañas electorales e hicieron prestamos a fondo perdido a los que
ahora tienen nuestra vida en sus manos.
Los ciudadanos no podemos entender, que el dinero que de
diversas formas entregamos diariamente a la administración pública, sea
entregado a los bancos especuladores causantes de esta situación que vivimos,
que estén siendo los ciudadanos los que sufran las consecuencias de los errores
de gestión y avaricia de estos, junto con la complicidad de las autoridades políticas
que lo han consentido.
Es ya un sentir popular, que algo muy gordo está sucediendo
en este país, y no me refiero tan solo a la “crisis económica”, por llamar de
alguna manera a la situación que vivimos. Las personas honradas se sienten huérfanas
de la democracia que tan segura creían tener, y es que escándalo tras escándalo,
ha ido enfermando la confianza que teníamos depositada en nuestro antes
incuestionable sistema democrático.
Los ciudadanos somos los responsables de todo lo que nos
está sucediendo, por culpa de nuestra pasividad e inacción, ha sido la escoria
de la sociedad la que se ha apropiado de nuestro sistema democrático.
Para poner un ejemplo claro, no existe forma posible de que
los dos grandes partidos políticos que se alternan periódicamente en el poder y
por muy mal que lo hagan, bajen nunca la media de 7.000.000 de votos. En sus
filas (y no me refiero a sus afiliados ni a idealistas ingenuos que en
ocasiones militan en ellos), no hay más que personas egoístas e interesadas buscando
obtener beneficio personal de mil maneras.
La incultura política y dejadez de la gente corriente, la
cual paradójicamente siempre termina soportando las consecuencias de las
acciones interesadas de estos indeseables. Provoca que los representantes
públicos elegidos por los mismos, para representarles y organizar, todos los
servicios necesarios para que nuestra sociedad funcione, se permitan el lujo de
sentirse dueños y señores del sistema, tanto, que se atreven a criminalizar a
los ciudadanos libres que simplemente pretenden hacerse oír por medio de los “escrache”,
donde pretenden recordar a sus representantes, que en muchas ocasiones y detrás
de las decisiones tomadas por ellos, hay mucho sufrimiento provocado a la
población (sus jefes).
¿Pero qué es lo que
está pasando aquí?, ¿vivimos en una verdadera democracia?, ¿Al servicio
de que o quienes trabajan “nuestros representantes públicos”?
Ladrones, crueles, insensibles, cobardes, asesinos y
aprovechados, son algunos de los calificativos que podríamos usar para
definirlos, pero creo que la palabra MISERABLES,
podría ser la expresión más acertada con la que catalogar a la inmensa mayoría
de los representantes públicos que dirigen las instituciones desde la primera
hasta la última.
El pueblo, al igual que causante de esta situación, deberá ser
quien por medio del activismo y asociacionismo ciudadano, de solución al grave
problema que tenemos encima. No esperemos a que los parásitos indeseables que nos
dirigen, sean quienes resuelvan esta situación, pues el problema son ellos. Los
zorros se han apropiado de la vigilancia del gallinero, y debemos tener claro,
que mientras sus necesidades estén cubiertas, permanecerán ahí asfixiando al
pueblo y robándole hasta la última miga de pan para que a ellos no les falten
privilegios.
TENEMOS QUE REACCIONAR YA!!


